El acero corten comienza a oxidarse desde el momento en que se expone al aire libre. La interacción entre la humedad, el oxígeno y los metales que componen el acero (hierro, cobre, cromo, níquel y fósforo) desencadena una reacción química que forma una capa de óxido en la superficie. Esta capa, a diferencia de la del acero convencional, no se desprende, sino que actúa como una barrera protectora que evita la corrosión profunda del material.
A partir de las 6 semanas, la capa de óxido se estabiliza, adquiriendo un color marrón anaranjado característico. Esta capa se compacta y sella la superficie, protegiendo el acero de una mayor corrosión.
A diferencia de otros materiales, el acero corten no requiere tratamientos periódicos ni pintura para mantener su aspecto y funcionalidad. Su pátina oxidada actúa como protección, lo que se traduce en un mantenimiento mínimo y en un ahorro de tiempo y recursos